Por: Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid

Cristo el Señor murió por todos (Rom 8, 32). Esta es una verdad clara y comprensible para todos los que tenemos fe. En el Plan Divino hay un proyecto, un plan, preciso y ordenado para todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad y encuentren esta gran verdad en sus vidas.

Este año, en nuestra Diócesis de Cúcuta repasamos nuestra historia, al celebrar los 60 años de su creación como Iglesia particular, por el Siervo de Dios, el Papa Pío XII. Repasar nuestra historia es entrar en el sentido profundo de la presencia de Dios, de la actividad pastoral y de los logros y sombras de nuestra actividad evangelizadora. Si revisamos con atención nuestra historia diocesana, encontraremos los grandes dones y regalos que el Señor nos ha dado. ¡Que camino tan hermoso y tan lleno de vitalidad y vigor es el de nuestra Iglesia! El gran esfuerzo de tantas personas, hombres y mujeres, laicos, religiosas, clérigos (Sacerdotes, Diáconos, Obispos) se ve en un árbol frondoso y vivo como es nuestra Diócesis de Cúcuta.

El Concilio Vaticano II nos enseñó que la Iglesia católica es signo e instrumento universal de salvación para todos los hombres (Lumen Gentium 1, 9, 48; Gaudium et Spes 45). Es un plan que quiere llegar a todos y cada  uno de los pueblos de la tierra. Evangelizar es la tarea que la Iglesia recibió de su Señor antes de ir al cielo y claramente es inaplazable, para poner a JESÙS en el corazón y en la vida de nuestros hermanos.

Esta voluntad universal de salvación nos toca a todos, especialmente a nosotros hijos de esta Iglesia de Cúcuta. Tenemos que ser portadores de un mensaje de vida y de salvación para todos los hermanos y hermanas, en los distintos espacios de vida que compartimos. Cada una de las parroquias, sus sacerdotes, los diáconos, las religiosas y religiosos, los laicos, tenemos que MANIFESTAR A TODOS, el mensaje de salvación de Cristo.

Esto lo tenemos que hacer con alegría, con una profunda alegría en el corazón, con un gran entusiasmo, con una gran constancia para que cambie el corazón y la vida de muchos hermanos y hermanas que tienen que aceptar este mensaje de vida y de esperanza.

El Papa FRANCISCO nos ha enseñado que esta alegría de evangelizar es una tarea que se renueva y se comunica constantemente en la Iglesia, es claro que la tarea misionera nos fortalece en nuestra respuesta y en nuestra acción misionera como comunidad. (Evangelii Gaudium 1). Es una acción que tiene que renovar un encuentro personal con Jesucristo, con el Maestro que es modelo de vida y de alegría.

“El Evangelio, donde deslumbra gloriosa la Cruz de Cristo, invita insistentemente a la alegría” (Evangelii Gaudium 5). Estas palabras del Papa nos llevan a entender que la opción por el Señor está claramente marcada por la alegría y por una gran actitud de esperanza. Nuestra sociedad, nuestras comunidades necesitan claramente de esta dimensión de alegría, de la vitalidad, que surge del Evangelio del Señor.

El Santo Padre nos indica como el Evangelio de Cristo, esa natural y clara tendencia a la alegría, que surge de la victoria de Cristo sobre el pecado, tiende a difundirse, a comunicarse. Esta es la gran tarea que nos anima en este año, en el importante aniversario que celebramos de nuestra comunidad.

El Evangelio de Cristo es siempre nuevo (Evangelii Gaudium, 11). Puede aparecer ante los ojos de muchos hombres y jóvenes de nuestro tiempo, que la predicación del Evangelio es algo viejo, obsoleto, sin sentido para nuestras vidas. Es totalmente lo contrario, Cristo es novedad, vida, esperanza para todos los que le encuentran y le quieren vivir.

De Él, tenemos que acoger un gran impulso misionero y evangelizador, para que en nuestros distintos espacios podamos comunicar la alegría del Evangelio. Ningún hombre, ninguna mujer de nuestras comunidades puede permanecer pasivo de frente a la tarea misionera que realizamos en la Diócesis de Cúcuta. Les invito a que, especialmente en las familias vivamos nuestro compromiso evangelizador y pastoral para manifestar a todos el Evangelio de Cristo. Les aliento a comprometerse con el Maestro, en forma personal, dinámica, alegre a lo largo de este año pastoral.

¡Alabado sea Jesucristo!