Por: Pbro Onofre Peñaranda

El Papa Francisco nos invita a convertir el año 2017 en tiempo de ayuda, no tanto religiosa, sino espiritual. Salir a las periferias para acompañar espiritualmente a los fieles.

El año 2017 en que la paz se mete por los poros, con una Iglesia en la cuerda floja; con ricos que se alejan de los pobres, no es suficiente la acción religiosa.

Esta se vuelve a veces un mercadeo engañoso que puede llevar fácilmente al imperio del primitivismo, peligroso y más ordinario que remiendo en corbata.

Hoy es necesaria una prédica que transcienda el púlpito, los comerciales dominicales y los ritos. La historia del país pide un mensaje que comunique la Palabra de Dios, buena noticia, Evangelio que interesé vitalmente al que lo oye. Un mensaje de luz que toque a millones de hermanos con el poder del espíritu de Jesús.

Así se podrán llenar los inmensos vacíos que deja una modernidad incapaz de cumplir las promesas. Un reto frente a las tentadoras estructuras del narcotráfico y, sobretodo, una barrera a las corruptas administraciones que dicen mostrar las prosperidad de los pueblos pero solo en la creciente barriga de gobernantes.

Hoy más que nunca, es preciso salir de las sacristías para acompañar espiritualmente el proceso de reconciliación, liberación de los secuestrados y la reparación de las víctimas del conflicto.

Este acompañamiento en espíritu y verdad nos llevará a darnos cuenta que los focos de la violencia están en nuestras familias, en el trabajo, en la calle y en la manera de relacionarnos como vecinos.

Sea el 2017 un año distinto que tienda a iluminar la fe, a reanimar la esperanza y a fortalecer el amor. La tarea no es fácil, pues, se trata de encarnar el Evangelio en el día a día, llegar a inquietarse, y viajar dentro de cada uno.

Es posible aun cuando, algunos creen que es más fácil poner un brasier a una guanaba que cambiar el rumbo del país.

депутат лобановский