Camina un maestro acompañado de un hombre tan preocupado que parece dudar de la bondad de Dios.  Inquieto y confundido dice al maestro: “No sé qué hacer con todos estos afanes y temores.”   En ese momento el maestro nota que una vaca los mira por encima de un muro de piedra.  ¿Sabe usted por qué esa vaca nos mira por encima del muro?  No entiendo por qué, responde el confundido acompañante.  Muy sencillo, porque no puede ver a través del muro de piedra, le dice el maestro. 

Todos tenemos en la vida muchos muros de temores y dudas.  Son muchos los muros de negatividad e impulsividad, extremismo y exageración que fácilmente echan a perder los buenos proyectos.  Nos llenamos de temor porque creemos que esa es la única solución.  No existen otras posibilidades. Son así muchas las cargas de temor y miedo que nos pueden caer encima.  Sencillamente, porque no miramos más alto, no buscamos nuevos horizontes.  Precisamente en la fe encontramos una gran ayuda para mirar más allá de nuestras limitaciones.  La esperanza nos anima a buscar otros caminos del infinito. Y el amor nos invita a buscar alternativas en las demás personas aunque no miren más allá de la nariz.  En la misa dominical tenemos una bella oportunidad de levantar el corazón hacia el Señor, librándonos de nuestros muros mentales, acercándonos al dador de todo bien y apoyándonos en el creador que nos hace más humanos