¿Por qué a algunas personas las afectan unas cosas y a otras no? ¿Por qué muchos se sienten ansiosos ante cualquier evento y otros responden de manera tranquila? ¿Por qué en ocasiones las crisis generan pérdida de la tranquilidad, la salud o el bienestar independientemente de su magnitud y duración, incluso hasta llegar a ponernos en una situación de parálisis; mientras que en otras, la adversidad se convierte en una herramienta para proyectarse al futuro, generar nuevos aprendizajes y permitirnos salir fortalecidos? 

La respuesta tiene varios matices. Por un lado, es cierto que la manera como las circunstancias externas nos afectan y la forma como las manejamos está asociada a los rasgos de personalidad (muchos heredados) que llevan a actuar de cierto modo. Por ejemplo, algunos son más sensibles y tienen percepciones internas o intuiciones más agudas que los llevan a sentirse más afectados por lo que ocurre alrededor. También depende de la frecuencia e intensidad de las experiencias vividas y el momento personal en que ellas ocurran. 

1. Sí se puede controlar

Tenemos la capacidad de reprogramarnos, es decir podemos aprender o desaprender hábitos de pensamiento, emoción y reacción más adaptativos y eficaces para enfrentar los eventos difíciles. La forma como vemos las cosas está influida por las creencias que tenemos y estas, si las identificamos, son susceptibles de cambio. 

2. Sin miedo a la adversidad

Verla como un reto no como un peligro que inevitablemente nos llevara a una situación de crisis. La adversidad ayuda a desarrollar estrategias para manejar y entender el miedo, la desesperación o la tristeza y aprender hábitos de control de las emociones. 

3. Algo de estrés, bueno

Cantidades saludables de estrés o preocupación son beneficiosos. Estos son activadores de la energía necesarios para emprender un proyecto, enamorarse o alcanzar metas. Sin ellas la vida sería muy monótona. Además, la psique tiene una gran plasticidad y no somos tan vulnerables como a veces pensamos. 

4. Creativos y prácticos

Acudir a la apertura, la flexibilidad y la creatividad. Estas habilidades nos permiten usar los recursos de los que disponemos, identificar las experiencias pasadas que han sido exitosas y crear nuevas y versátiles maneras para superar la situación. 

5. No se desanime

No es fácil cambiar una manera de sentir o de reaccionar. No lograrlo tan rápida o eficazmente como quisiéramos lleva con frecuencia a confirmar la creencia de que no se tiene control sobre las emociones. Recuerde que esto requiere trabajo y práctica.