Por: Edna Margarita Pérez Arévalo, psicóloga magister en Neuropsicología y Educación. Fundación Tiempo de Sueños

El reciente 10 de septiembre se celebró el Día Mun­dial para la Prevención del Suicidio, una fecha establecida con el objetivo de visibi­lizar una problemática social y de salud mental, que, por estigmati­zación, sobre todo la generada en torno a los trastornos mentales y el suicidio, hace que muchas perso­nas que piensan en quitarse la vida o tratan de hacerlo no busquen ayuda, por lo tanto, no la reciben.

Foto: Internet

La sociedad prefiere evadir una realidad dolorosa que se puede prevenir si el tema, se coloca so­bre la mesa sin miedo, para facili­tar la comprensión y posibilitar la prevención. De acuerdo a estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año, cerca de 703.000 personas se quitan la vida y muchas más in­tentan hacerlo. El suicidio es una tragedia que afecta a familias, co­munidades y se presenta en todos los países, dejando secuelas afec­tivas y sociales duraderas para las personas cercanas a la víctima. El suicidio, puede ocurrir a cualquier edad y en cualquier estrato social, en Colombia cobra una vida cada tres horas y ocho cada día. 

Según la OMS, la conducta suicida está relacionada con un “síntoma de malestar o trastorno emocional o mental y no representa un diag­nóstico en sí mismo y en conse­cuencia se debe revisar la presen­cia de otros síntomas emocionales o comportamentales, que en con­junto hagan parte de su diagnósti­co”. De acuerdo a esta definición se puede decir que no hay una si­tuación particular o patológica que perfile la conducta suicida, pues una persona, sometida a situacio­nes estresoras, que le generan una gran presión emocional o una sen­sación de desesperanza y desaso­siego puede desencadenar la idea­ción suicida. 

Es importante aclarar que la depre­sión no es sinónimo de suicidio. Para la mayoría de las personas la gente que se suicida es porque está en depresión, aunque es un factor de riesgo, no necesariamente des­encadena en la persona que la pa­dece, un comportamiento de auto daño. 

Los investigadores aún no encuen­tran la forma de predecir quién está en riesgo de suicidio, y si las personas vulnerables llegarán a hacerlo; hasta ahora lo que se ha podido establecer es que se trata de una desregulación emocional y un error cognitivo, la persona en crisis siente y cree que no puede superarla, o no puede pensar en una solución, por lo que el suicidio se convierte en una opción viable, como una forma de manejar el do­lor que siente. De modo que puede actuar sobre ello en una ventana de tiempo realmente breve. 

Dentro de los factores de riesgo están eventos estresantes de la vida (como la pérdida de un ser querido, problemas legales o difi­cultades financieras) y los factores estresantes interpersonales (aco­so, intimidación, discriminación o problemas en las relaciones afecti­vas y/o familiares), trastornos del estado de ánimo (depresión, tras­torno bipolar afectivo), consumo de sustancias psicoactivas. 

La prevención del suicidio no se ha abordado debidamente, porque falta sensibilización sobre la im­portancia que reviste como proble­ma de salud pública y por el tabú sociocultural que no permite a las familias hablar abiertamente sobre el tema. 

Algunas señales que pueden indicar conducta suicida son: 

  • Hablar o pensar en la muerte con frecuencia, expresar que se quie­re morir.
  • Hablar de sentirse atrapado o pensar que no hay ninguna solu­ción.
  • Hablar de sentirse vacío o des­esperado, o de no tener motivos para vivir.
  • Hablar de ser una carga para los demás, que nadie lo quiere, que no encaja en su grupo social o familiar.
  • Mostrar cambios extremos en el estado de ánimo, pasando repen­tinamente de estar muy triste a sentirse muy tranquilo o feliz.
  • Sentir dolor físico o emocional. Alejarse familiares y amigos De­cir adiós a amigos y familiares
  • Asumir grandes riesgos que po­drían resultar en la muerte, como conducir extremadamente rápi­do.

Recomendaciones para apoyar a una persona que muestra algún indicio de conducta suicida:

  • Valore la situación seriamen­te. Sea directo/a. Hable clara y abiertamente sobre el suici­dio. Exprésele su preocupación. Muéstrese dispuesto/a a escu­char
  • Deje que la persona hable de sus sentimientos. Acepte sus senti­mientos. No los juzgue.
  • No cuestione si el suicidio es o no correcto. No dé sermones so­bre el valor de la vida. Acérque­se y muestre que está disponible. Demuestre interés y ofrezca su apoyo.
  • No desafíe a la persona a que lo haga.
  • No se muestre asustado o escan­dalizado y tranquilice a la perso­na.
  • Busque ayuda entre sus familia­res y personas allegadas.
  • Explique que hay alternativas como buscar ayuda profesional.
  • Adopte medidas prácticas: retire o controle todos los elementos que puedan suponer un riesgo. Si es posible, no deje sola a la persona. Evite, sin embargo, si­tuaciones de excesivo control. Involucre a otras personas signi­ficativas que puedan contribuir a superar esta situación.

Es importante tomar consciencia que el suicidio se puede prevenir. Y que es responsabilidad de todos involucrarnos. Si usted ha conside­rado en algún momento la idea de auto agredirse, o conoce a alguien que presente las señales de alerta, debe informarse de cómo y dónde puede recibir ayuda inmediata, ya sea con un profesional de la salud mental, un sacerdote, un familiar o un amigo. ¡Usted puede salvar una vida!

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