En la homilía de la misa en la Capilla Santa Marta, el Papa Francisco se refirió a “tener el valor de cambiar de rumbo cuando el Señor nos pide".

Refiriéndose a la primera lectura que hacía referencia a la prohibición que hicieron los sacerdotes y los jefes a los apóstoles para predicar, el Santo Padre precisó que esta dureza del corazón se daba porque “ellos no sabían dialogar, no sabían dialogar con Dios, porque no sabían orar y escuchar la voz del Señor, y no sabían hablar con los demás. Solamente interpretaban como era la ley para hacerla más precisa, y estaban cerrados a los signos de Dios en la historia, se cerraron a su pueblo. Estaban cerrados y la falta de diálogo, y el cierre del corazón, les llevó a no obedecer a Dios”.

“Ellos son los mismos --recordó el Pontífice- que le pagaron a los guardianes del sepulcro para decir que los discípulos habían robado el cuerpo de Jesús. Hacen de todo para no abrirse a la voz de Dios”. De esta manera precisó la desobediencia que estos hombres mostraban a los designios de Dios, que, contrario a ellos, los discípulos seguían destacando que obedecer es “tener el valor de cambiar de rumbo cuando el Señor nos pide", dijo y añadió que "los que obedecen tiene la vida eterna”.

Al concluir la homilía, Francisco indicó que “en esta misa rezaremos por los profesores de los profesores, de los que le enseñan al pueblo sobre Dios. Para que no se cierren, para que dialoguen y así se salven de la ira de Dios que, si no cambian de actitud permanecerá sobre ellos”.

 

(HSM) (IDV)

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