Un joven discípulo del sabio filósofo Holdim llega a casa de  éste y le dice: “Vea, gran maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti muchas barbaridades, cosas muy feas. Vengo con mucha rabia a contarte”. Espera un momento joven, le dice el sabio. ¿Ya has hecho pasar por las tres rejas lo que me vas a contar? -¿Cuáles tres rejas? La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que me quieres decir es absolutamente cierto? - Pues no, lo oí comentar a unos vecinos más chismosos y peligrosos que bizco con rifle. Replica el sabio: “o al menos lo que vas a decir, ¿lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad? ¿Eso que deseas decirme es bueno para alguien? -No señor, en realidad es malo y más peligroso que peluquero con hipo.  A lo que concluye Holdim: “Ah, vaya, la última reja es la necesidad.  ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto de inquieta?” -Pues no, maestro. No es ni pizca de necesario.  “Entonces mi querido joven”, dice el sabio sonriente y festivo, “si no es verdadero, ni bueno, ni necesario vaya con ese cuento más allá de la frontera. Enterremos todo aquello que huela a chisme y librémonos de  las lenguas viperinas. No olvides que más vale hueso roto que velorio con tamales”.

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