En la capilla de la Casa Santa Martha el Papa Francisco recordó, explicando el evangelio, que Jesús nos pide mantener el corazón libre de dinero, vanidad, orgullo y poder, pues, precisa, con ellos se “quedará esclavizado el corazón por la riqueza, la vanidad, el orgullo”, ¡Y lo que Jesús quiere es que tengamos un corazón libre”.

Explicó que Jesús habló de tesoros terrenales que no traen bien al ser humano, uno de ellos el oro, el dinero o las riquezas, “un tesoro peligroso” que si “sirven para hacer un montón de cosas buenas, para llevar adelante la familia: ¡esto es verdad!”, pero que si se “acumulan como un tesoro, te roban el alma!”.

Otro tesoro del cual habló fue la “a vanidad: el tesoro de tener un prestigio, de hacerse ver”. Y Jesús, advirtió Francisco, “siempre condena esto”. Pensemos, dijo, “qué dice a los doctores de la ley, cuando ayunan, cuando dan la limosna, cuando rezan para hacerse ver”. La vanidad, subrayó, “no sirve, termina”.

El tercer tesoro, evidenció, es “el orgullo, el poder”. El Papa se refirió a la Primera lectura donde se narra la caída de la cruel reina Atalia. “Su grande poder – comentó – duró siete años, luego fue asesinada. ¡El poder termina! ¡Cuántos grandes, orgullosos, hombres y mujeres de poder han terminado en el anonimato, en la miseria o en la prisión!”.

“Tengan un corazón libre!", nos dice Jesús” recordó el Papa. Nos habló de la libertad del corazón. Y tener un corazón libre sólo se puede tener con los tesoros del cielo: el amor, la paciencia, el servicio a los demás, la adoración a Dios. ¡Éstas son las verdaderas riquezas que no son robadas! ¡Las otras riquezas gravan el corazón. Pesan sobre el corazón: lo encadenan, no le dan la libertad!”.

Con información de MCM / ER – RV

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