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Este miércoles desde la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco realizó su Audiencia General habitual, e hizo un recuento de su viaje apostólico en Tailandia y Japón. “Tailandia es un antiguo reino que se ha modernizado fuertemente. Al reunirme con el Rey, el primer ministro y otras autoridades, he homenajeado a la rica tradición espiritual y cultural del pueblo Thai”.

También explicó cómo respaldó el compromiso por la armonía entre los componentes de esta nación, para que puedan avanzar temáticas como el desarrollo económico, y poder salvar a las mujeres y los niños de la explotación.

“La religión budista forma parte integral de la historia y de la vida de este pueblo. Por ello, visité al Patriarca Supremo de los Budistas, prosiguiendo sobre el camino de la estima recíproca de mis predecesores, para que crezcan en el mundo la compasión y la fraternidad. En este sentido, fue muy significativo el encuentro ecuménico e interreligioso que tuvo lugar en la mayor universidad del país”, explicó su Santidad.

También nombró a los católicos de esa zona diciéndoles que “el testimonio de la Iglesia en Tailandia se ofrece también por medio de las obras de servicio a los enfermos y a los últimos. Entre ellos, destaca el Hospital Saint Louis, que visité animando al personal sanitario y hablando con algunos pacientes”.

Su segunda etapa del viaje fue desarrollada en Japón, mencionando cómo fue su recibimiento en Tokio y cómo lo acogieron los obispos y fieles “con los cuales hemos compartido de inmediato el desafío de ser pastores de una iglesia muy pequeña, pero portadora del agua viva, el Evangelio de Jesús”, dijo Francisco.

“Proteger toda vida’ fue el lema de mi visita a Japón, un país que lleva impresa la herida del bombardeo atómico y es para todo el mundo portavoz del derecho fundamental a la vida y a la paz. En Nagasaki y en Hiroshima recé, me encontré con algunos supervivientes y familiares de las víctimas y renové la firme condena de las armas nucleares y de la hipocresía de hablar de paz construyendo y vendiendo armas”, contó el Papa.

Además, explicó que “las primeras víctimas del vacío espiritual son los jóvenes”, por lo que dedicó parte de sus palabras a ellos enfatizándose en sus sueños y aspiraciones, inspirándoles aliento para que se abran a la voz de Dios, pues Él tiene un mensaje de verdad.

“He promovido una cultura del encuentro y del diálogo, caracterizada por la sabiduría y la amplitud de horizontes. Permaneciendo fiel a sus valores religiosos y morales, y abierto al mensaje evangélico, Japón podrá ser un país puntero para un mundo más justo y pacífico, y para la armonía entre el hombre y el medio ambiente”. Finalizó.

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