Periodico La Verdad

Periódico la verdad

Periódico La Verdad

Una Historia de Fe, Esperanza y Caridad

Por: Mons. José Libardo Garcés Monsalve, Obispo de la Diócesis de Cúcuta.

Comenzamos este año de misión pastoral dando gracias a Dios por 70 años de historia diocesana, haciendo memoria de los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas, agentes de pastoral y fieles, que han hecho historia de salvación caminando desde Cristo en el anuncio del Evangelio, comprometidos por llevar la Palabra de Dios por todos los confines de la Diócesis, cumpliendo con el mandato misionero que el Señor nos ha dejado: “vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 19 – 20).

La certeza que nos da Jesús de estar con nosotros todos los días hasta el final de los tiempos, ha acompañado a la Iglesia durante más de dos milenios, y a nuestra Diócesis de Cúcuta durante 70 años de trabajo evangelizador, transmitiendo la fe, fortaleciendo la esperanza y viviendo la caridad en esta región de frontera. Afrontando los desafíos de cada momento histórico, con el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo en el corazón de cada uno de los creyentes que a lo largo de estos años han sido protagonistas de esta historia de salvación, que este año celebramos agradecidos con Dios.

En este hoy de la historia somos conscientes que la fuerza inspiradora para seguir en salida misionera, como discípulos misioneros del Señor predicando el Evangelio la recibimos del mismo Jesucristo, con quien queremos tener un encuentro personal, para salir a anunciar lo que hemos visto y oído. También, lo experimentamos en nuestra vida transformada por la gracia de Dios, conscientes que el Evangelio es la propuesta del Señor, que está con nosotros cada día de nuestra vida en el esfuerzo de traer al redil a las ovejas que se encuentran perdidas. Para cumplir con este mandato misionero tenemos que renovarnos interiormente, porque el programa ya está en la persona de Jesucristo. Así nos lo enseñó San Juan Pablo II: “no se trata, pues, de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en Él la vida trinitaria y transformar con Él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste” (Novo Millennio Ineunte 29).

Esta tarea la tenemos que realizar centrando nuestra vida en Jesucristo, confirmados en la fe, fortalecidos en la esperanza y caminando con Él en las personas más pobres, necesitadas y alejadas, en el ejercicio de la caridad vivida cada día, acompañando al prójimo, agachándose a sanar las heridas del que está caído en el camino mostrándole el rostro de Jesucristo que lo sana. “Hoy que la Iglesia quiere vivir una profunda renovación misionera, hay una forma de predicación que nos compete a todos como tarea cotidiana. Se trata de llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata, tanto a los más cercanos como a los desconocidos.

Es la predicación informal que se puede realizar en medio de una conversación y también es la que realiza un misionero cuando visita un hogar. Ser discípulo es tener la disposición permanente de llevar a otros el amor de Jesús y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en un camino, siendo Evangelio vivo para los hermanos” (Evangelii Gaudium 127).

Al celebrar 70 años de vida diocesana, los convoco a que cada uno fortalezca su compromiso misionero, que comienza en el ambiente familiar y luego pasa a otros escenarios de la vida diaria, pero también nos comprometemos con el estado permanente de misión que seguimos viviendo en los sectores de cada una de las parroquias, visitando constantemente a los iniciados en la fe, con el fin de darles a todos el contenido fundamental de la evangelización, conscientes que “en la evangelización se trata de recordar siempre el anuncio fundamental: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y su amistad. Es el anuncio que se comparte con una actitud humilde y testimonial de quien siempre sabe aprender” (EG 127).

El anuncio fundamental de la evangelización tenemos que profundizarlo cada día en la oración contemplativa, de rodillas frente al Santísimo Sacramento, mirando y contemplando el Crucificado. Sin la oración el trabajo que se realiza se convierte en acción social y activismo desgastante. Con el poder de la oración nuestro quehacer pastoral es anuncio de Jesucristo, que nos convierte en “evangelizadores con Espíritu, esto quiere decir evangelizadores que oran y trabajan. Desde el punto de vista de la evangelización, no sirven las propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero, ni los discursos y praxis sociales y pastorales sin una espiritualidad que transforme el corazón. Sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio, las dificultades y el fervor se apaga” (EG 262).

Como bautizados seguimos comprometidos en la Diócesis de Cúcuta con la iniciación cristiana de muchos bautizados para fortalecerlos en la fe, la esperanza, la caridad y hacerlos discípulos del Señor y misioneros en la Iglesia, para gloria de Dios y salvación nuestra y de nuestros hermanos; cumpliendo con el mandato misionero: “vayan y hagan discípulos, testimoniando la fe”. Que la Santísima Virgen María y el Glorioso Patriarca San José, alcancen del Señor todas las gracias y bendiciones necesarias, para vivir la misión evangelizadora en nuestra Iglesia Particular en salida misionera, caminando con Cristo en el anuncio del Evangelio.

En unión de oraciones, reciban mi bendición.