Periodico La Verdad

El Buen Pastor entra por la puerta en el aprisco de las ovejas

Por: Mons. José Libardo Garcés Monsalve, Obispo de la Diócesis de Cúcuta.

El próximo domingo estamos llamados por la Iglesia en su liturgia a contemplar a Jesu­cristo Buen Pastor que tiene preocu­pación por cada una de las ovejas y sobre todo por aquella que está perdi­da. Para la misión del pastoreo en su nombre ha dejado instituido el sacer­docio ministerial, indicando a quien ha elegido que entre por la puerta al aprisco donde están las ovejas y camine delante de ellas, tal como lo enseña el Evangelio: “el que no en­tra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden su voz, y él va llamando por el nom­bre a sus ovejas y las saca” (Jn 10, 1 – 3); indicando con ello que todos debemos disponernos a entrar por la puerta que es Jesucristo Buen Pastor que da la vida por las ovejas.

En la Iglesia tenemos la certeza de estar en el aprisco más seguro para recorrer el camino de la vida cristia­na, porque Jesucristo Buen Pastor está con nosotros. Pero además un bautizado, elegido por Dios para el sacerdocio, ayuda al cuidado del re­baño para que nadie se pierda, cum­pliendo con el mandato misionero del Señor: “vayan y hagan discípu­los a todos los pueblos y bautícen­los para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñán­doles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo es­toy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos”

(Mt 28, 19 – 20).

La misión del Buen Pastor es anun­ciar el Evangelio, entregando la vida por las ovejas, no las abandona cuan­do están en peligro y va en busca de ellas cuando se han perdido. Esas actitudes del sacerdote, Buen Pastor, muestran la actitud misericordiosa de Jesús que va en busca de quien se ha perdido, “¿quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar a la descarriada hasta que la en­cuentra? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros lleno de alegría, y al llegar a casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ¡alé­grense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdi­do!” (Lc 15, 4 – 6).

Desvelarse por la oveja perdida es la misión de la Iglesia en su tarea evan­gelizadora, que a tiempo y a destiempo predica a Jesucristo, con la finalidad que sea conocido y que todos reciban la sal­vación. Ese es el designio amoroso del Padre, Él quiere que todos nos salvemos: “esto es bueno y grato a los ojos de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimien­to de la verdad” (1Tim 2, 3 – 4); de nuestra parte corresponde dispo­nernos a escuchar la voz del Señor y seguirlo, transformando nuestra vida en Él, mediante un proceso de conversión que cada día debemos emprender.

De esta actitud amorosa del Padre misericordioso que nos entrega a Jesucristo Buen Pastor, tiene que brotar una actitud contemplativa en cada uno de nosotros, porque es la intimidad de la oración a solas con Él, lo que refuerza en nosotros el llamado a seguirlo, abandonando comportamientos pecaminosos, para poder escuchar la voz del Señor, reconocer la puerta segura que nos lleva a la salvación: “yo soy la puer­ta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. Yo he venido para que ten­gan vida y la tengan abundante” (Jn 10, 9 – 10).

Jesucristo para continuar la obra de la salvación se ha quedado con noso­tros en cada uno de los sacerdotes, quienes, par­ticipando de su único sa­cerdocio, hacen visible al Buen Pastor, siendo pas­tores del Pueblo de Dios, cuidando cada oveja que se les ha encomendado como misión, saliendo en busca de aquella que se ha perdido y viviendo como Buen Pastor, presen­cia de Jesucristo en medio del redil y no como quien se salta la puerta comportándose como un extraño; porque “a un extraño no lo segui­rán las ovejas, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños” (Jn 10, 5). Cada sacerdote que presta su servicio en las parro­quias de nuestra Diócesis de Cúcuta, ha entrado al ministerio sacerdotal y a la misión de ser pastores, por la puerta que es Jesucristo Buen Pas­tor, que ha elegido a cada uno para esta misión; la Iglesia lo ha llamado y enviado en su nombre a cuidar el rebaño que se la ha confiado.

El próximo domingo al celebrar a Je­sucristo Buen Pastor que ha dado la vida por todos nosotros en la cruz, es también un día para agradecer al Se­ñor por cada uno de nuestros sacer­dotes, que dejándolo todo han sabido escuchar la voz del Pastor Supremo, entrar por la Puerta que es Jesucristo, para cumplir la misión en el mundo de pastorear al pueblo de Dios con los sentimientos de Jesucristo, dan­do la vida por las ovejas que han sido puestas bajo su cuidado.

Agradecemos a Dios el don de cada uno de los sacerdotes de nuestra Dió­cesis de Cúcuta y también de las vo­caciones, para que el Señor siga en­viando obreros a su mies a cumplir con el mandato misionero: “vayan y hagan discípulos, celebrando la Resurrección”. Oremos por los seminaristas que se encuentran en nuestro Seminario Mayor San José, para que sepan responder al llamado del Señor y se vayan configurando con Jesucristo Buen Pastor. Pidamos la gracia de la renovación sacerdo­tal para nuestro presbiterio, que nos comprometa a todos en la salida mi­sionera, a ir en búsqueda de la oveja perdida y poderla retornar a tomar el alimento que ofrece Jesucristo en la Eucaristía. Pongámonos bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María y del Glorioso Patriar­ca San José, pidiendo por todos los sacerdotes para que seamos fieles a Jesucristo y a la Iglesia, en el pasto­reo que se nos ha confiado. Felici­taciones a todos los sacerdotes en este día.

En unión de oraciones, reciban mi bendición