Periodico La Verdad

Edición número mil con María al pie de la Cruz

Por: Mons. José Libardo Garcés Monsalve, Obispo de la Diócesis de Cúcuta.

Hemos comenzado el mes de mayo dedicado a honrar a la Santísima Virgen María, en este año jubilar que el Papa León XIV ha concedido a nuestra Iglesia Par­ticular, en la advocación de Nuestra Señora de Chiquinquirá, la Kacika de Cúcuta, con el lema que estamos in­teriorizando desde la Basílica: María madre de la esperanza. Así reafir­mamos el lema pastoral de este año: vayan y hagan discípulos imitando a la Virgen María, transmitiendo a todos el Evangelio de Jesucristo que es la esperanza que no defrauda. Tam­bién, llegamos a la edición número mil en el periódico La Verdad, dando gracias a Dios por este medio de di­fusión del Evangelio que llega a mu­chas personas que reciben el periódi­co en cada una de sus ediciones.

Al inicio del mes de mayo conmemo­ramos en Colombia la exaltación de la Santa Cruz, reconociendo en este madero a Jesús como el enviado del Padre para conducirnos a la salvación prometida y esperada. Cada uno de nosotros al mirar y contemplar el Cru­cificado, estamos llamados a pronun­ciar desde el corazón las palabras del centurión romano que estaba frente a la cruz: “verdaderamente este hom­bre era Hijo de Dios” (Mc 15, 39); Él ha venido a traernos el perdón del Padre, para reconciliarnos y recibir la paz que debemos entregar a los de­más, siendo instrumentos del perdón para con nuestros hermanos.

Al pie de la Cruz también estaba Ma­ría tal como lo indica el Evangelio: “junto a la Cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás y María Mag­dalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo a quien tan­to amaba, dijo a su madre: mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dijo al discípulo: ahí tienes a tu madre” (Jn 19, 25 – 27); allí María estaba con do­lor por ver morir a su Hijo, pero no es­taba derrumbada, estaba de pie con la confianza, que de su Hijo clavado en la Cruz, brota la salvación para toda la humanidad, siendo perdonados de los pecados para entrar a la vida eterna.

María al pie de la cruz es la madre de la esperanza, que ha sido entregada en la persona del dis­cípulo amado a toda la Iglesia y a cada uno de nosotros. Ella nos indi­ca el camino para llegar a Jesús, esperanza que no defrauda, aún en los momentos de cruz e incertidumbre. En la cruz fue clavado nues­tro Señor Jesucristo, que según profesamos en el credo, padeció, fue crucificado, murió, fue sepultado y resucitó al tercer día y está sentado a la derecha del Padre. En el Crucifica­do está la síntesis de todo el Misterio Pascual que celebramos en la Sema­na Santa y que vivimos todos los días en la Eucaristía, Cuerpo y Sangre de Cristo que nos da fortaleza diaria, para cargar la propia cruz uniendo nuestros dolores, sufrimientos y enfermedades a la cruz del Señor, para hacernos uno con Jesús Crucificado.

En la cultura actual se quiere anular la cruz, el dolor y el sufrimiento que hace parte de la naturaleza humana, vendiendo falsamente la idea de una vida en perfecto bienestar y prospe­ridad. En ocasiones desde la predi­cación, algunos comercian con lo sa­grado, quieren vender sacramentales ofreciéndoles a las personas la cance­lación de todo sufrimiento en sus vi­das. Desde la Palabra de Dios tenemos la certeza que estamos predicando la verdad, cuando anunciamos a Jesu­cristo Crucificado: “porque mien­tras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo Crucifica­do, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos. En cam­bio, para los que han sido llamados, sean judíos o griegos, se trata de un Cristo, que es fuerza y sabi­duría de Dios” (1Cor 1, 22 – 24). Ahí está la fuerza que nos da la fe, que engendra a la vez la esperanza que hace que tengamos los ojos fijos en el cielo que es nues­tro destino; sin olvidar­nos que el camino es la cruz, por la que pasó nuestro Señor Jesucristo, entregando la vida por todos nosotros y que asu­mió María, cuando estuvo al pie de la Cruz y desde allí nos da consuelo como madre de la esperanza.

María al pie de la Cruz nos enseña a contemplar el Crucificado y unir la cruz de cada día a la Cruz del Señor, con la certeza que seguir a Jesucristo Crucificado, nos da la vida eterna. Así lo pide Jesús a sus discípulos: “y di­rigiéndose a sus discípulos añadió: Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz, y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perde­rá; pero el que pierda su vida por mí, la conservará” (Mt 16, 24 – 25). Jesucristo mismo nos ha dado ejem­plo de entrega de la propia vida por la salvación de todos y nos invita cons­tantemente a tomar la cruz y seguirlo.

Mirando y contemplando el Crucifi­cado el corazón se llena de esperan­za. La esperanza es la virtud que nos mantiene en pie, que nos ayuda a salir adelante en las incertidumbres y difi­cultades de la vida y para el cristia­no la esperanza brota del árbol de la Cruz, que lo sana de la tristeza, por­que es el mismo Jesús que sana, con­suela, levanta y da alivio: “vengan a mi todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Car­guen con mi yugo y aprendan de mí que soy sencillo y humilde de cora­zón, y encontrarán descanso para sus vidas” (Mt 11, 28 – 30); de esa manera, cuando estemos agobiados y sin fuerzas por la cruz de cada día, arrodillémonos a mirar y contemplar el Crucificado y encontraremos paz en medio de las fatigas diarias de la vida.

Que Nuestra Señora de Chiquinquirá, la Kacika de Cúcuta, madre de la es­peranza y el Glorioso Patriarca San José, custodien en nosotros la gracia de Dios y la fe, para seguir en nuestra vida a Jesucristo Crucificado, fuen­te de nuestra salvación. En acción de gracias seguimos anunciando el Evangelio a través del periódico La Verdad, que desde esta edición núme­ro mil, lanzamos hacia el futuro como medio de evangelización que lleva a Jesús hasta sus familias.

En unión de oraciones, reciban mi bendición