Por: Pbro. Víctor Julián Flórez Ortiz, vicario parroquial de Sagrado Corazón de Jesús.

Esta es una edición muy especial amigos lectores y me alegro mucho poder hacer parte de esta familia y acompañarlos en esta celebración de la edición número 1.000 del periódico. Quisiera abordar e introducirlos en el tema de la sucesión episcopal de nuestros primeros pastores. La Diócesis de Cúcuta ha contado con la presencia hasta el presente de 10 obispos:

1. Luis Pérez Hernández, C.I.M. (1956–1959).
2. Pablo Correa León (1959–1970).
3. Pedro Rubiano Sáenz (1971–1983).
4. Alberto Giraldo Jaramillo, P.S.S. (1983–1990).
5. Rubén Salazar Gómez (1992– 1999).
6. Oscar Urbina Ortega (1999–2007).
7. Jaime Prieto Amaya (2009–2010).
8. Julio César Vidal Ortíz (2011– 2015).
9. Víctor Manuel Ochoa Cadavid (2015–2020).
10. José Libardo Garcés Monsalve (2021–Actualidad).
De Monseñor Luis Pérez Hernández, C.I.M., hemos mencionado de manera muy general, que fue nombrado primer obispo de Cúcuta el 29 de mayo de 1956 por el Papa Pío XII y tomó posesión según el Diario la Frontera, el 29 de agosto de ese año, ejerciendo su episcopado hasta su muerte el 28 de junio de 1959. Su ministerio coincide con la fundación misma de la Diócesis, desmembrada según la Bula Pontificia Ecclesiarum Omnium del antiguo territorio de Nueva Pamplona el 2 de mayo de 1956, en un contexto de crecimiento urbano, expansión fronteriza y consolidación de la “ciudad capital de la frontera” con Venezuela. Su ministerio, entre 1956 y 1959, se marcó por la tarea de fundar la estructura básica de la nueva diócesis: parroquias, presbiterio, consejo de consultores y comunidades religiosas. Actualmente se recuerda a Monseñor Luis Pérez Hernández, por la creación del periódico diocesano La Verdad, el 20 de octubre de 1956. Según el mismo Periódico La Verdad, Monseñor afirmaba que “es necesario que una Diócesis tenga un periódico como tiene un púlpito para decir la verdad”, delineando su visión de los medios de comunicación, como instrumentos de evangelización, formación cristiana y defensa de los valores evangélicos.
Monseñor Pablo Correa León fue el segundo obispo de la Diócesis de Cúcuta y, una figura clave en la consolidación institucional y pastoral de la Iglesia en la frontera. Como sucesor de Monseñor Luis Pérez Hernández, su ministerio se centró en consolidar la estructura de la Diócesis, fortaleciendo el trabajo de creación de nuevas parroquias, comunidades religiosas masculinas y femeninas y movimientos apostólicos. Ya desde el inicio de la diócesis, Monseñor Luis Pérez Hernández había planteado la necesidad de un seminario menor como espacio de primer discernimiento vocacional. Monseñor Pablo Correa León recogió ese proyecto y lo convirtió en obra concreta: el 29 de agosto de 1961, quinto aniversario de la erección de la Diócesis, bendijo la primera piedra del Seminario Menor en la finca Los Cujíes.
En esta lista de obispos destaca Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo obispo desde 1983 hasta 1990; dejando una de sus huellas más duraderas en la Diócesis: la fundación del Seminario Mayor San José, que hoy es el corazón de la formación del clero diocesano. La historia del Seminario Mayor habría iniciado en septiembre de 1983, con la llegada de Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, que inmediatamente habría impulsado la idea de tener en la diócesis un centro propio de formación mayor. En febrero de 1985 el Consejo Presbiteral aprobó la creación del seminario y se solicitó la colaboración de la Compañía de los Padres de San Sulpicio, para la dirección y la formación, el 25 de diciembre de 1985, Monseñor Giraldo Jaramillo firmó el decreto de erección del Seminario Mayor San José de Cúcuta, y el 10 de febrero de 1986 iniciaron clases con 46 seminaristas de Cúcuta, Tibú y Arauca. Además de esta obra formativa, durante su gobierno en Cúcuta ordenó 22 sacerdotes y creó 12 nuevas parroquias y capillas, ampliando la presencia de la Iglesia en una región fronteriza marcada por la migración y la desigualdad. Ordenó que el periódico diocesano “La Verdad” circulara quincenalmente, fortaleciendo la comunicación eclesial en un territorio saturado de medios y de tensiones sociales.