Periodico La Verdad

Evolución de la infraestructura emblemática de la Diócesis de Cúcuta (1956–2026)

Foto: CCDC

Por: Pbro. Víctor Julián Flórez Ortiz, vicario parroquial de Sagrado Corazón de Jesús.

La Diócesis de Cúcuta, erigida en 1956 mediante la bula Ec­clesiarum Omnium, cumple 70 años de vida pastoral. Durante estos años ha venido consolidando y for­taleciendo sus estructuras eclesiales y arquitectónicas, que van dejando huella en la historia de la ciudad y de los pueblos que la conforman.

A continuación, solo presento de ma­nera muy general algunos de los tan­tos templos que hoy son patrimonio no solo de la Iglesia en Cúcuta, sino de la misma ciudad. Subrayo que en esta edición faltan muchos otros templos de gran valor histórico y ar­quitectónico, sobre todo en el ámbito rural que al día de hoy son una gran riqueza religiosa, espiritual y cultural de la Diócesis.

La infraestructura parroquial de la Diócesis cuenta hoy con 111 pa­rroquias. El crecimiento urbano y la memoria histórica de Cúcuta están ligados a templos parroquiales cuyas fechas de edificación e hitos de re­construcción marcan las etapas clave del desarrollo de la ciudad:

La Catedral de San José (1875– 1956): el templo original, cuya cons­trucción habría iniciado 1734, fue destruido por el terremoto de 1875. La reconstrucción de la imponente estructura neoclásica actual comenzó formalmente en 1889 y se extendió durante más de seis décadas debido a retos económicos y arquitectónicos. El templo fue finalmente bendecido y consagrado en 1951, apenas cinco años antes de ser elevado a la digni­dad de Catedral mediante la bula Ec­clesiarum Omnium en 1956 cuando el Papa Pío XII separó de Pamplona la nueva Diócesis de Cúcuta.

La Basílica Menor de Nuestra Se­ñora del Rosario de Chiquinquirá – Parroquia San Luis Gonzaga (1897 / Dignidad de Basílica en 2019): situado en el histórico barrio de San Luis, asentamiento fundacional de la ciudad de Cúcuta. Este hermoso templo cuenta con un estilo neogóti­co sustituyendo a las primitivas capi­llas coloniales destruidas en 1875. La edificación actual, impulsada por el párroco Demetrio Mendoza, culminó y fue erigida canónicamente en 1897. Su valor patrimonial es excepcional custodiando un lienzo original de la Virgen de Chiquinquirá que data de 1587 y es conocido tradicionalmente como la Kacika de Cúcuta. En reco­nocimiento a esta fervorosa devoción y a su importancia histórica, el Papa Francisco le concedió al templo el tí­tulo oficial y la dignidad de Basílica Menor Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá en el año 2019. Este regalo pontificio transformó el tem­plo de San Luis, en la primera y úni­ca basílica de la ciudad y de Norte de Santander, incorporando a su infraes­tructura, los símbolos universales de la dignidad papal: el tintinábulo (campanario procesional) y la um­brella (conopeo o sombrilla papal).

La Parroquia San Antonio de Padua – “La Catedral de los Po­bres” (1927–1932): situada frente al parque Mercedes Ábrego, su ori­gen responde al auge comercial y demográfico del casco central. Ante la saturación de la única parroquia del centro (San José), el arzobispo de Pamplona, Monseñor Rafael Afa­nador y Cadena, decretó la división eclesiástica mediante el Decreto No. 120 de 1927, erigiendo canónica­mente la parroquia el 1 de enero de 1927. La construcción material del templo actual inició formalmente el 2 de enero de 1932, meses después de la bendición de su primera piedra (13 de junio de 1931), bajo una técni­ca de ingeniería inversa sumamente singular: el nuevo templo se edificó de atrás hacia adelante sobre los te­rrenos de la antigua capilla de San José que había quedado parcialmente en pie tras el sismo de 1875.

La Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (1942): a dife­rencia de los templos anteriores, esta edificación pertenece a la era de ex­pansión urbana del siglo XX previa a la creación de la diócesis. Su cons­trucción comenzó a principios de la década de 1940 y fue instituida ca­nónicamente el 19 de septiembre de 1944 mediante el Decreto 262 emi­tido por Monseñor Rafael Afanador y Cadena, quien en ese entonces era el obispo la Diócesis de Nueva Pam­plona. Su arquitectura de transición y su ubicación estratégica respondie­ron al rápido crecimiento demográ­fico y residencial obrero de la zona céntrica e intermedia de Cúcuta.