
La formación de los futuros sacerdotes fue el tema central de la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, realizada del 6 al 10 de julio en Bogotá. Durante cinco días, los obispos del país desarrollaron un profundo ejercicio de discernimiento sobre los desafíos sociales, eclesiales y juveniles que interpelan hoy la misión evangelizadora de la Iglesia en Colombia.
En esta ocasión, la Asamblea tuvo un carácter particularmente sinodal al contar, por primera vez, con la participación de 32 invitados especiales, entre ellos rectores y formadores de seminarios, seminaristas, religiosos, religiosas y laicos vinculados a la Organización de Seminarios de Colombia (OSCOL). Su presencia enriqueció el diálogo y permitió ampliar la reflexión sobre la formación sacerdotal desde diversas experiencias y vocaciones al servicio de la Iglesia.
A lo largo de las jornadas, los participantes analizaron los retos que enfrenta la formación de los futuros presbíteros en un contexto marcado por cambios culturales, nuevas realidades sociales y las expectativas de las generaciones jóvenes. En este sentido, se destacó la necesidad de fortalecer procesos formativos integrales que promuevan sacerdotes con una sólida vida espiritual, madurez humana, preparación intelectual y un auténtico espíritu misionero.
Los obispos coincidieron en que la formación sacerdotal constituye una prioridad para la Iglesia en Colombia, pues de ella depende, en gran medida, la capacidad de responder con esperanza y cercanía a las necesidades pastorales del pueblo de Dios.
La Asamblea también reafirmó el compromiso de la Iglesia colombiana con el camino sinodal impulsado por el papa, promoviendo espacios de escucha, diálogo y corresponsabilidad que permitan afrontar los desafíos actuales desde la comunión y el discernimiento.
Al concluir este encuentro, los obispos renovaron su propósito de seguir acompañando los procesos de formación en los seminarios del país, convencidos de que una Iglesia misionera necesita pastores configurados con Cristo, capaces de anunciar el Evangelio con fidelidad, cercanía y esperanza en medio de las realidades del mundo actual.