
Por: Pbro. Víctor Julián Flórez Ortiz, vicario parroquial de Sagrado Corazón de Jesús.
El Seminario Mayor Diocesano San José de Cúcuta constituye una de las instituciones más significativas e importantes en la historia de la diócesis, por su papel en la formación integral de los futuros presbíteros y en la consolidación de un clero propio, arraigado en la realidad pastoral, social y cultural de la región. Su fundación respondió a una necesidad eclesial concreta: ofrecer un espacio estable de discernimiento vocacional, estudio filosófico-teológico, formación espiritual, humana y pastoral para los jóvenes llamados al ministerio sacerdotal.
En esta edición sencillamente les comparto algunos apartados del decreto número 21 del 25 de diciembre de 1985 con el que la Diócesis de Cúcuta formalizaba de manera especial y concreta la apertura del Seminario Mayor Diocesano San José. Tratándose de fuentes de primera mano espero la información les ayude a enriquecer nuestro bagaje cultural y nuestro amor por el Seminario Mayor.
DIÓCESIS DE CÚCUTA, archivo curia diocesana. Decreto Nº 21, 25 de diciembre de 1985.
Alberto Giraldo Jaramillo, Obispo de la Diócesis de Cúcuta,
CONSIDERANDO:
1. Que hay un aumento de vocaciones sacerdotales, gracias a la pastoral vocacional impulsada por mi antecesor en esta diócesis, Monseñor Pedro Rubiano Sáenz y gracias sobre todo a la oración de la comunidad diocesana.
2. Que el Código de Derecho Canónico (C. 237) aconseja que cada diócesis tenga “cuando sea posible y conveniente” su propio Seminario Mayor.
3. Que sobre esta posibilidad y conveniencia se ha escuchado al presbiterio diocesano, se ha reflexionado con el Consejo Presbiteral, se ha dialogado con los señores Obispos de la Provincia eclesiástica y se ha consultado a la Sagrada Congregación para la Educación Católica. En todos estos casos el concepto ha sido favorable.
4. Que las condiciones muy peculiares de la ciudad y de la Diócesis de Cúcuta exigen un estilo de formación sacerdotal que responda a los desafíos pastorales que aquí se presentan.
5. Que está asegurado el equipo básico de formadores y la planta física necesaria para iniciar la vida de un Seminario Mayor en Cúcuta.
DECRETA:
Art. 1º. Erígese el “Seminario Mayor Diocesano San José de Cúcuta”, conforme a las normas establecidas en los cánones del Código de Derecho Canónico.
Art. 2º. El Seminario Mayor San José de Cúcuta gozará de la personería jurídica en la Iglesia (canon 238 par.1) y su Rector será el representante legal en todos los asuntos (canon 238 par. 2). Para la personería jurídica civil se tendrán en cuenta los artículos 4 y 10 par. 2, del Concordato vigente.
Art. 3°. Será patrono del Seminario Mayor de la Diócesis, el bienaventurado esposo de María Virgen, San José.
Art. 4º. El funcionamiento académico del Seminario Mayor comenzará el 10 de febrero del próximo año de 1986 y su inauguración oficial se cumplirá el 19 de marzo del mismo año.
Este Decreto rige a partir de la fecha.
Dado en San José de Cúcuta, a los 25 días del mes de diciembre de 1985.
La fecha de expedición del Decreto, 25 de diciembre de 1985, reviste una especial carga simbólica. El día del nacimiento de Cristo, centro de la historia de la salvación, se convierte también en signo de un nuevo nacimiento eclesial para la diócesis. Del mismo modo, el inicio de labores el 10 de febrero de 1986 y la bendición solemne el 19 de marzo, solemnidad de San José, patrono de la Iglesia universal, vinculan la institución con una espiritualidad de obediencia, custodia y servicio.
La creación de un Seminario Mayor no es solo un acontecimiento administrativo; es una decisión espiritual, pastoral y misionera de largo alcance. El Seminario es el lugar donde la Iglesia discierne, acompaña y forma a quienes Dios suscita inquietud vocacional y que serán ordenados para servir al pueblo de Dios. Por ello, su establecimiento en Cúcuta significó un paso decisivo para garantizar una formación más cercana a la realidad diocesana.
La fundación del Seminario expresa la solicitud de la Iglesia Particular de la Diócesis de Cúcuta, por la santidad de sus ministros y por la continuidad de la misión apostólica. El seminarista no es formado únicamente para adquirir conocimientos, sino para configurarse con Cristo Buen Pastor, mediante una síntesis de vida espiritual, humano-comunitaria, estudio y servicio pastoral. Esta visión corresponde plenamente a las orientaciones de la Iglesia universal acerca de la formación sacerdotal, integrando en la persona del sacerdote las dimensiones humana, espiritual, intelectual y pastoral.