
Por: Pbro. Víctor Julián Flórez Ortiz, vicario parroquial de Sagrado Corazón de Jesús.
Repasemos nuestra historia, hemos analizado de manera muy general los orígenes de la fe colonial con la fundación de la Diócesis de Santa Marta el 29 de julio de 1525, como primera diócesis en Colombia. Hemos focalizado que la posible fundación de la ciudad de Cúcuta o San José de Guasimales en aquel momento se habría dado con la famosa donación de un terreno, por parte de Juana Rangel de Cuellar en 1734 y, la fundación de la primera parroquia de San José. El 25 de septiembre de 1835, viene creada la Diócesis de Pamplona, pasando Cúcuta a su jurisdicción. No obstante, estos hechos de gran importancia, el momento de mayor trascendencia para nuestra Iglesia Particular, se consolidó con la promulgación de la Bula Ecclesiarum omnium por parte de su Santidad Pío XII el 2 de mayo de 1956, dando inicio a la historia diocesana y al posterior fortalecimiento de sus estructuras eclesiales y pastorales.
El crecimiento de la Diócesis de Cúcuta no puede entenderse sin el baluarte de sus instituciones parroquiales más antiguas, las cuales sirvieron como centros de evangelización y organización civil, cuando estos territorios dependían de la Arquidiócesis de Nueva Pamplona. La fe de la región se estructuró a partir de comunidades históricas que resistieron terremotos, conflictos fronterizos y transformaciones demográficas.
La parroquia de San José (Catedral): cuna espiritual de la ciudad, cuyo templo inicial y posterior reconstrucción tras el terremoto de 1875, simbolizan la resiliencia de un pueblo que erigió su fe sobre cimientos sólidos. San Luis Gonzaga hoy Basílica Menor Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá: antiguo asentamiento indígena y una de las raíces primigenias de la identidad cucuteña. San Antonio de Padua, Nuestra Señora del Rosario y San Juan Bautista (San Faustino): centros que fortificaron el tejido social y espiritual de la ciudad. Estas parroquias históricas cimentaron el terreno para que los prelados, desde monseñor Luis Pérez Hernández hasta monseñor José Libardo Garcés Monsalve, estructuraran una de las Jurisdicciones Eclesiásticas más dinámicas de Colombia.
En la celebración de estos 70 años de la diócesis, destacamos el Seminario Mayor Diocesano San José y sus 40 Años de fundación y fecundidad vocacional. Fundado por decreto número 21, el 15 de diciembre de 1985. Abrió sus puertas el 10 de febrero de 1986 y se celebró de manera solemne su apertura el 19 de marzo, día de José. Su fundación se habría realizado con el firme propósito de brindar a la creciente ciudad de Cúcuta, un clero nativo capaz de comprender e incidir en la realidad nortesantandereana, formando pastores según el corazón de Cristo el Buen Pastor.
La Diócesis de Cúcuta ha sabido conjugar la ortodoxia de la fe con la praxis de la caridad y la comunicación del mensaje evangélico. Dos instituciones reflejan de manera precisa esta proyección hacia la comunidad: el Banco de Alimentos (pastoral social – Cáritas) consolidado como la respuesta humanitaria más eficiente e integral ante las recurrentes crisis socioeconómicas. La segunda, en la era de la globalización y los entornos digitales, el Centro de Comunicaciones de la Diócesis de Cúcuta, se ha erigido como el eje de la Nueva Evangelización. A través del periódico La Verdad, la emisora Vox Dei y las plataformas digitales, el centro de comunicaciones ha profesionalizado la difusión del Evangelio, garantizando que la voz de la Iglesia permanezca vigente, cercana y dialogante con la cultura contemporánea.
La Diócesis de Cúcuta no es una institución estática; es una Iglesia viva que camina en sintonía con la Iglesia universal llevando esperanza y fe a todos los hogares. Con un clero fortalecido por las nuevas ordenaciones, un seminario maduro y unas estructuras pastorales sólidas, la Iglesia Particular de Cúcuta se proyecta hacia los próximos años bajo la guía del Espíritu Santo, fiel a su legado histórico y firmemente comprometida con la santidad y la transformación social de su pueblo.
“Non nobis, Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam”.
(No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre toda la gloria – Salmo 115, 1).